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Rasgos y Retos del Proceso Mexicano |
Miguel Álvarez / SERAPAZ
Noviembre del 2005.
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Dice un hermoso verso del poeta chileno Pablo Neruda, que
cuando el río suena no es tanto por el sonido del agua
que vemos se mueve, sino por el sonido de las piedras que
ruedan en el fondo. Así, para comprender el momento
actual de México no basta tener en cuenta lo que sucede
coyunturalmente, ni lo que es visible, ya que lo que explica
al momento mexicano sucede en el fondo.
1. Problemática política
México vive un proceso de democratización
largo, complejo y diversificado, frente a un más largo
régimen político autoritario y de partido de
Estado, que corporativizó y mediatizó a casi
todas las expresiones sociales y culturales. Actualmente existe
un fuerte debate sobre los alcances y caracterización
de este proceso; ante la alternancia en la presidencia (que
apenas en el año 2000 inauguramos por la vía
electoral), mientras que algunos sostienen que se vive aún
en transición, otros afirman que de hecho se ha entrado
a la democracia, si bien ésta sea todavía incipiente,
incompleta o débil.
En todo caso, se vive una transición
política y democrática que no ha sido todavía
capaz de generar un nuevo régimen político,
y de institucionalizar los cambios logrados. Ello en el marco
de una muy polarizada y tensa sucesión presidencial,
que será definida en las elecciones generales de julio
de 2006.
Sin embargo, más en el fondo, esta
democratización no ha frenado otra crisis política,
más profunda, derivada del desfase entre el desarrollo
general de la sociedad y los rasgos del Estado mexicano. Por
ello, la disputa de fondo es primeramente entre proyectos
de nación, de los que se sustenten diversos proyectos
de reforma del Estado.
En este marco, otros rasgos que caracterizan
al actual contexto son:
• la debilidad institucional, vacíos de poder
y la acción creciente de poderes fácticos de
carácter regional, económico o incluso criminal,
• la fragmentación de actores institucionales
y sociales que tienen cada vez mayor autonomía y distancia
entre sí (el Ejército que aparece con voz propia
en momentos cruciales, así como la Iglesia, los intelectuales,
y los grupos empresariales --es significativo el papel de
los empresarios que con el “Acuerdo de Chapultepec”
colocan su agenda en la disputa por la nación--, etc.),
• la multiplicación de coaliciones, redes y plataformas
civiles con distintos posicionamientos ante la coyuntura,
la diferenciación estratégica de actores sociales
y civiles (por la lucha electoral, el movimiento antisistémico
representado ahora particularmente por la Otra campaña,
ó la lucha social centrada en una agenda de corto plazo
contra las reformas estructurales y por la defensa de los
derechos sociales).
2. Nuevos Actores
El papel privilegiado que para los asuntos
públicos y políticos se ha conferido y auto
conferido a los partidos políticos, contrasta sustantivamente
respecto de un desarrollo de múltiples formas orgánicas
de la sociedad, que asumen lo público y la política
como derecho propio, pero generando formas diversas a la partidaria
y electoral.
Así, como sucede en otras partes de
América Latina y del mundo, ha sido notable en las
últimas décadas el surgimiento de actores sociales
y civiles que dinamizan la agenda pública, lo que ha
dado lugar a que se pueda discutir en México la existencia
muy rápida y diversificada de la sociedad civil. Esta
ciudadanía o sociedad civil, sin embargo, es todavía
débil ante la lógica y la cultura partidista.
Actualmente se reconoce que en el conglomerado
de fuerzas el lugar central lo ocupan ya los movimientos sociales,
y dentro de éstos de manera prioritaria aquellos orientados
a las problemáticas estructurales. Así, estos
movimientos sociales (obreros, sindicales, campesinos, populares,
indígenas), que antes fueron corporativizados al régimen
autoritario, se han ido convirtiendo en sustento de las condiciones
de avance democrático y actores en la disputa por los
rumbos y contenidos de la transición.
En este marco, destaca el desfase entre los
actores y lógicas de la sociedad política, respecto
de los actores y lógicas de la llamada sociedad civil
en general. Este desfase le agrega a la crisis política
nuevos elementos de tensión y confrontación,
pero también nuevas modalidades de participación
y de propuesta. Exactamente en este punto es que el conflicto
chiapaneco incide de manera sustantiva y se coloca en el centro
de la problemática nacional.
A lo largo del primer semestre del presente año la
conflictividad social se ha incrementado. El Cesem documentó
un total de 266 conflictos en el país en los primeros
182 días del año (Cf. Anexo 1). Es cada vez
más clara la tendencia de las movilizaciones sociales
a manifestar con más violencia el rechazo y escepticismo
de la ciudadanía ante a una transición trunca.
El rubro más inquietante es el de justicia, con 76
registros, equivalentes a casi el 29% del total; entre éstas
destacan las movilizaciones contra el desafuero de Andrés
Manuel López Obrador, contra ataques y asesinatos de
trabajadores, contra los daños causados por PEMEX,
contra el encarcelamiento de líderes de conciencia,
contra la impunidad en la matanza de Aguas Blancas, contra
el asesinato de mujeres y homosexuales, contra la privación
arbitraria de la libertad, además de contra el incumplimiento
de acuerdos por parte de autoridades.
3. Conflicto Armado Interno
El conflicto armado interno que México vive en Chiapas,
refleja una creciente problemática de conflictividad
política y social, derivada de un modelo económico
que excluye y multiplica la pobreza, y de un proceso político
insuficiente que sigue alejando las posibilidades de participación
y justicia para la mayoría de los mexicanos.
Así, el levantamiento indígena
zapatista de 1994 se convirtió en la expresión
y reclamo del México Profundo, en contra de las maneras
y procedimientos excluyentes en que se venía dando
el proceso de democratización, y a favor de la búsqueda
de modelos de desarrollo y crecimiento que resultaran favorables
para todo el pueblo mexicano. Ante la crisis partidaria y
de izquierda, el EZLN llenó diversos vacíos
y se destacó rápidamente por su capacidad de
interlocución, representatividad, articulación
y convocatoria.
Este conflicto armado interno es reconocido
como un “conflicto de nuevo tipo”, que vale no
por la gravedad del enfrentamiento militar, sino por la importancia
de sus causas estructurales nacionales. Así, este pequeño
conflicto militar que descubría el gran conflicto político,
incide y acelera el sentido de la democratización,
y propicia la irrupción de la Paz con Justicia y Dignidad
como otra característica necesaria del proceso democrático.
Democracia y Paz, dos lógicas y procesos
que se requieren y complementan en un sentido de justicia.
Por ello, dos negociaciones simultáneas fueron planteadas
en 1995: la del Gobierno Federal con el EZLN en San Andrés,
y la del Congreso Federal con todas las fuerzas políticas
y sociales para la Reforma del Estado. Sin embargo, ambas
negociaciones y su vínculo fracasan, llevando el proceso
de Paz a una crisis que se ahonda cuando en 2001 el Congreso
se cierra al cumplimiento legislativo de los primeros Acuerdos
de San Andrés (firmados el 16 de febrero de 1996 en
materia de Derechos y Cultura Indígena). Este endurecimiento
desaprovechó la gran oportunidad que hubo de vincular
el cumplimiento de los primeros acuerdos firmados en San Andrés,
con el proceso democrático. Este hecho es reconocido
también como el divorcio entre los movimientos indígenas
y la sociedad política.
El desencuentro entre estos dos procesos
y actores le quitó viabilidad al proceso de Paz. Así,
actualmente México vive un conflicto armado interno
no resuelto, pero éste no tiene ya la capacidad de
impactar o de incidir como tal en la disputa del proceso político.
Entonces, el conflicto se ha reciclado en una etapa más
compleja que no pasa por el diálogo y la negociación;
igualmente, el proceso político a pesar de algunos
avances ha entrado a una etapa muy tensa entre actores partidarios,
pero lejana y excluyente respecto a otros actores sociales,
particularmente los indígenas.
Recientemente, ante desfase entre la sociedad
política y la sociedad civil, vinculado al divorcio
entre el proceso democrático y el proceso de Paz, el
EZLN lanza su Sexta Declaración de la Selva Lacandona,
que anuncia una nueva estrategia que ha logrado impactar no
sólo al movimiento indígena, pues pretende articular
a un amplio conjunto de fuerzas sociales y de base, excluidas,
y que no están actuando en la lógica de la coyuntura
electoral y de los partidos.
Por lo anterior, el actual mapa político
de México está marcado por diversas dinámicas
e iniciativas, muchas de ellas polarizadas entre sí:
las de la sociedad política en torno de lo electoral,
las de fondo en torno de la Reforma del Estado, las de diversos
frentes e iniciativas sociales en torno de defensivas y Proyectos
de Nación, y también por la Otra Campaña
que comenzará el EZLN (el sub Marcos recorrerá
el país a partir del próximo mes de Enero).
Sin embargo, es dentro del proceso político
donde podrán estar las claves para rehacer el proceso
de la Paz. Por ello, los constructores de Paz no deben aislarse
de esta preocupación general por el proceso político
mexicano, pues en su seno están las posibilidades de
recrearle condiciones al diálogo y la negociación,
de manera de resolver pacíficamente una serie de cambios
estructurales que están detrás de una creciente
conflictividad que sucede por todo el país.
4. Perspectivas
¿Serán las próximas elecciones presidenciales
de 2006, propicias para el reencuentro de las lógicas
de la democracia y de la Paz? Desdichadamente, todos los indicadores,
tendencias, y pronunciamientos de los actores de ambos procesos
no parecen apuntar hacia allá. La polarización
que vive el país es tal, que no se va a expresar toda
ella en una cancha única y exclusiva. Hay varias arenas,
espacios, terrenos de la confrontación, y no hay por
ahora nadie que esté planteando con claridad una iniciativa
que vincule ambos procesos.
Del lado de los partidos, la prioridad es
electoral y mediática, más preocupada por definir
candidatos que por madurar contenidos. La disputa interna
está siendo tensa e interesante porque se deja ver
la aparición de distintas corrientes políticas
con distintas valoraciones, propuestas y acentos
El PRI (Partido Revolucionario Institucional,
que concentró el poder por más de 70 años),
que hoy se revela más claramente como una red de poderes
regionales, se ha recuperado pero no tiene la cohesión
que el autoritarismo le permitía, por lo que vive tensiones
y enfrentamientos internos muy fuertes. El PRI que anteriormente
era el aliado necesario del gran capital nacional e internacional,
ahora tiene la competencia del PAN (Partido Acción
Nacional), que también se ofrece a ello, lo que se
da en el marco de muy diversas opciones y personajes.
El PAN actualmente en el gobierno, vive la
confrontación entre las posturas tradicionales de derecha,
dotadas de aspectos democráticos y morales, con aquellas
propias de un moderno empresariado más pragmático
y audaz, que empuja sin ningún recato medidas neoliberales.
En contraste, la izquierda en general, y
particularmente el PRD (Partido de la Revolución Democrática),
no logró evitar su propio divorcio con el movimiento
social, y a pesar de que ha avanzado en el terreno electoral,
no cuenta hoy con una gran base social, a pesar de la intensa
activación de los movimientos sociales. No se ha logrado
capacidad de gobierno alternativo en las distintas posiciones
municipales y estatales que la izquierda partidista ha conquistado
en los últimos años, y el aparato de dirección
se ha centrado más en la administración de elecciones
que en la vinculación y conducción de procesos
y luchas sociales. Lo notable es que hoy cuenta, sin embargo,
con un personaje atractivo en lo electoral (Andrés
Manuel López Obrador, expriísta hasta hace unas
semanas Jefe de Gobierno de la Ciudad de México), quién
es más fuerte que el conjunto de las capacidades partidarias.
Esta situación ha traído un
nuevo debate en la izquierda respecto de si conviene o no
disputar una transición que no ofrece condiciones ni
garantías para el ejercicio real de una alternativa
(recuérdese el caso Lula), o si conviene respaldar
un candidato que, aunque pueda ganar, no representa ni tiene
una propuesta que satisfaga al conjunto y base de los movimientos.
Muchas fuerzas prefieren esperar a que haya una capacidad
real, tanto subjetiva como objetiva de un gobierno alternativo,
a fin de evitar distorsiones, decepciones e incorrectas responsabilidades
históricas. Esta discusión es muy interesante,
en la que de nuevo los planteamientos zapatistas han incidido
de lleno.
Algunas otras izquierdas partidarias están
reflexionando la posibilidad de una candidatura independiente,
aunque se sabe no tendría condiciones de éxito,
mientras otros movimientos se preparan a llamar a la abstención,
y otros más se preparan a realizar con el zapatismo
Otra Campaña, no electoral ni de corto plazo, para
organizar una amplia articulación de fuerzas con una
propuesta más consistente, estratégica y radical,
que empiece a ganar lugar y peso en el país.
La coyuntura electoral, por tanto, es estratégica
e importante por todos los eventos, iniciativas y procesos
que sucederán a lo largo de ella, si bien no serán
los partidos los únicos actores, ni las campañas
y los votos la única acción política.
El problema, sin embargo es, que esta coyuntura
por su importancia, será también disputada en
sus condiciones generales, por lo que existen riesgos de provocaciones
y endurecimientos. Si recordamos la reflexión sobre
la crisis de Estado, podemos hoy reconocer que hay distintos
actores que no se entregaron a la alternancia, y que se han
mantenido actuando en lógica de Estado y no de gobierno.
Es decir, hay fuerzas (políticas, económicas,
militares) que no se entregaron a Fox, el que ha sido más
un jefe de gobierno que un jefe de Estado. Estas otras fuerzas,
que actuarán para cuidar el Estado más allá
de la experiencia o capacidad partidista, es muy probable
que comiencen a jugar de diversas maneras sus propias cartas
y propuestas.
Además, para el caso de México
no es posible olvidarse de las agendas, estrategias, tensiones
y presiones del gobierno de Estados Unidos (recuérdese
la frase tan cierta de “pobre México, tan lejos
de Dios y tan cerca de Estados Unidos”), que no deja
de argumentar sus prioridades de seguridad y la necesidad
de limitar en lugar de amplificar los procesos democráticos
y de derechos humanos.
2006, por lo tanto, es un marco tenso e intenso
de todos los actores y de todas las disputas. De ello dependerán
las condiciones y correlaciones de la siguiente etapa, y dentro
de éstas las condiciones en las que pueda rehacerse
el proceso de Paz.
5. Nuevo trabajo de Paz
Seguramente esta breve exposición
podrá probar que con todo y los rasgos completamente
mexicanos, estamos ante un buen ejemplo de problemáticas
que suceden en buena parte de América Latina y de los
países del mundo, particularmente los del Sur. Por
ello, no puede tampoco comprenderse la situación mexicana
sin contemplar las peculiaridades del proceso latinoamericano
y global.
En este nuevo marco, es necesario que la
solidaridad y la cooperación entre sociedades se den
sobre la base de un nuevo diagnóstico que destaque
los aspectos y problemáticas comunes, pues es desde
esta visión de conjunto que se pueden impulsar servicios
a la democracia, a la Paz, a la justicia y los derechos humanos.
Como se ha hecho hasta ahora, simplemente
no es ya la manera suficiente o adecuada. Conviene encontrar
los elementos comunes, los aportes y lecciones mutuas, de
manera de establecer una nueva horizontalidad y reciprocidad
en donde, en la medida en que avance el todo avanzarán
las partes, pero igualmente, en la medida en que avancen las
partes se podrá ir haciendo avanzar al todo. La simultaneidad
de acciones y de niveles complica pero reta y anima a una
nueva vitalidad en torno de la Paz como tarea central, tanto
en las condiciones de equilibrio y justicia mundial, como
en la reconstrucción de las sociedades dañadas
por la violencia, y también en la atención de
los múltiples actores sociales que sufren distintas
formas de violencia y exclusión, derivados de la conflictividad
que hoy se multiplica y diversifica más allá
de los bellos discursos.
Por tanto, urge una nueva concepción
de Paz, que no es imposición ni pacificación,
que no es solamente terminar las guerras o propiciar salidas
políticas a los actores militares. La Paz es una prioritaria
tarea mundial que abarca diversas dimensiones, desde los conflictos
específicos hasta la preocupante problemática
internacional. La Paz no es más un problema local del
país donde explota militarmente algún conflicto.
El verdadero Conflicto, cuyas causas deben ser eje y guía
de la Paz, está detrás y debajo del conflicto
armado concreto, y sus fronteras no son las nacionales. Tampoco
la génesis y lógica de la violencia es solamente
local, pues el uso de la fuerza se alimenta globalmente como
derecho e industria de los poderosos. Aunque se exprese a
través de conflictos internos y particulares, la Paz
es un problema central y articulado de la agenda mundial.
Anexo 1: Conflictividad Social
Tipo de demanda |
Enero |
Febrero |
Marzo |
Abril |
Mayo |
Junio |
TOTAL |
Conflictos por tenencia de la tierra |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
3 |
3 |
Justicia |
4 |
14 |
17 |
19 |
7 |
15 |
76 |
Democracia
|
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
Laboral
|
6 |
9 |
6 |
5 |
10 |
10 |
46 |
Acceso a crédito y financiamiento
|
1 |
3 |
0 |
3 |
5 |
0 |
12 |
Demanda de servicios
|
5 |
2 |
5 |
7 |
3 |
7 |
29 |
Política económica
|
1 |
6 |
1 |
2 |
2 |
2 |
14 |
Defensa de recursos naturales
|
1 |
1 |
1 |
0 |
1 |
1 |
5 |
Conflictos electorales (pre-post)
|
2 |
3 |
1 |
0 |
0 |
0 |
6 |
Conflictos internos
|
2 |
3 |
2 |
2 |
2 |
2 |
13 |
Otros
|
9 |
9 |
12 |
7 |
19 |
6 |
62 |
Total |
31 |
50 |
45 |
45 |
49 |
46 |
266 |
|