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HACIA UN PROYECTO DE NACIÓN
Promotora por la Unidad Nacional
Contra el Neoliberalismo |
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HACIA UN PROYECTO DE NACIÓN |
*Promotora por la Unidad Nacional Contra
el Neoliberalismo.
18 de octubre de 2004
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INTRODUCCIÓN: A REFUNDAR LA NACIÓN.
El pueblo de México vive hoy una de las peores crisis
de su historia. Las reformas neoliberales que la gran burguesía
y sus gobiernos han venido aplicando desde los años
70 dieron lugar a una crisis de desarrollo social y han puesto
en riesgo la existencia de la nación mexicana, su independencia
y su soberanía.
Durante las últimas tres décadas la pobreza
ancestral que ha padecido nuestro pueblo se profundizó.
Hoy existen unos 70 millones de pobres, alrededor de 40 millones
de ellos en la pobreza extrema, imposibilitados de ver cubiertas
sus necesidades elementales de subsistencia.
A lo largo de este tiempo los salarios y los derechos laborales,
de por sí raquíticos, se han derrumbado. Hoy
el trabajo informal, la sobreexplotación, la precarización
laboral y los atentados a los contratos colectivos y a los
sindicatos son el pan de cada día. Masas gigantescas
de trabajadores agrícolas y de indígenas han
perdido sus exiguos terrenos; millones deambulan y languidecen
en un país que les niega todo derecho, toda posibilidad
de vida. Los jóvenes, que en su gran mayoría
carecen de empleos y de todo porvenir, han sido obligados
a huir al extranjero. Cada año, más de 400 mil
mexicanos cruzan la frontera norte de nuestro país.
De seguir las cosas como van no existe posibilidad alguna
de mejoría social para el grueso de los mexicanos pobres.
Es más, el futuro de los trabajadores que hoy gozan
de alguna seguridad social y laboral es absolutamente incierto.
El capitalismo neoliberal viene despojando de cuanto es posible
a los trabajadores, a la población pobre, pero también
a la Nación. Los grandes capitalistas mexicanos asociados
a las empresas extranjeras se vienen apoderando de la tierra,
de los sistemas financieros, de los recursos energéticos,
de los espacios educativos, de la seguridad social, de los
servicios públicos, la telefonía, los aeropuertos,
las carreteras y las principales empresas de bienes y servicios
del país.
A la par que desnacionalizan la planta productiva, los grandes
empresarios, el gobierno y su clase política han terminado
por entregar buena parte de los restos de la soberanía
nacional a las potencias extranjeras, especialmente a los
Estados Unidos. En la actualidad, el Ejército mexicano
y las policías nacionales se han convertido en fuerzas
de ocupación al servicio del capital trasnacional.
A todo esto debemos sumar el deliberado esfuerzo de los enemigos
del pueblo por destruir la cultura nacional, las tradiciones
democráticas y libertarias de los mexicanos y su sentido
de dignidad.
El sistema político mexicano también se encuentra
en crisis. La ilegitimidad y la ilegalidad del Congreso de
la Unión, el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial son
evidentes y se expresan en el abstencionismo que va de la
mano con procesos electorales fraudulentos y antidemocráticos,
con partidos y candidatos envueltos en la corrupción,
financiados por el capital extranjero, el narcotráfico
y empresarios corruptos. El Ejecutivo viola la Constitución
y lucra con el presupuesto y los bienes nacionales, mientras
el sistema judicial, las fuerzas militares y policíacas
se debaten en la corrupción y en las complicidades
con una Presidencia escandalosamente servil hacia el gobierno
estadounidense.
La burguesía y sus partidos, a través de las
leyes y del Instituto Federal Electoral (IFE), impiden el
ejercicio de los derechos electorales. Los requisitos, las
trabas económicas y todo tipo clientelismos, sirven
para mantener el monopolio de los partidos con registro. El
pueblo de México no tiene ninguna posibilidad legal
de participación independiente y democrática
en los comicios electorales. Sin embargo, la antidemocracia
no se queda ahí, también baña al conjunto
de la vida social. Los sindicatos, las organizaciones agrarias,
populares y civiles son presas de las agresiones y de los
controles estatales. El clientelismo, la corrupción
y la violencia oficial y privada, se imponen como la realidad
cotidiana de los mexicanos.
La llegada de Vicente Fox y de su partido al gobierno federal,
acentuó los rasgos autoritarios y fascistas del viejo
régimen. El Estado policiaco militar sigue abriéndose
paso a pesar de las mascaradas electorales. En ese proceso,
los medios de comunicación masiva y las técnicas
del espectáculo, así como el consumo y el tráfico
de drogas adquieren un papel estratégico para mantener
la dominación de la oligarquía mexicana y del
capital trasnacional del que forma parte.
Ante este panorama, las soluciones a la crisis general de
la Nación sólo pueden venir del pueblo mismo.
Los vendepatrias no pueden ser los salvadores de la patria,
ni los corruptos ejemplo de rectitud. El régimen político
debe ser derribado para dar paso a la democracia. Sólo
un gobierno surgido de la lucha popular que desmantele los
soportes del poder económico, político y cultural
de los grandes ricos es el que puede enfrentar la crisis que
vivimos.
Únicamente desde la resistencia del pueblo, desde sus
historias de rebeldía y dignidad personificadas en
Hidalgo, Morelos, Villa, Zapata y Flores Magón, es
como podrá construirse la República de los hombres
y mujeres libres e iguales. El lugar en que los trabajadores
y pobres de México se reconocen como personas dignas,
como individuos que en comunidades y colectivos, batallan
por la emancipación del pueblo mexicano y de los pueblos
del mundo.
A esto convocamos hoy, a refundar la Nación haciendo
realidad la soberanía nacional, la democracia con el
poder del pueblo, la justicia social y la independencia económica.
I. POR LA DEFENSA DE LA SOBERANÍA NACIONAL.
La Constitución mexicana de 1917 es un documento histórico
que refrenda la tradición emancipadora de nuestro pueblo
y recoge en gran medida las aspiraciones de una nueva nación
con justicia, libertades, derechos sociales e independencia
nacional. Hoy la Constitución de 1917 y el Proyecto
de Nación dibujado en ella han sido abandonados; a
cambio, la oligarquía y su clase política nos
ofertan un futuro sin derechos sociales, de subordinación
y sin independencia. Por ello, es urgente recuperar nuestra
soberanía nacional; bajo los siguientes principios:
1. La Soberanía nacional reside en la autoridad suprema
del pueblo de México para decidir el destino de la
Patria.
2. El territorio y los recursos naturales son patrimonio exclusivo
de la Nación.
3. Nuestra historia, nuestras lenguas y culturas integran
la identidad sobre la que se funda la Nación.
4. Nuestra Nación se reconoce en su carácter
multiétnico y pluricultural, por lo que el ejercicio
pleno de los derechos individuales y colectivos de los pueblos
indígenas se constituye en pilar y fundamento de la
Nación.
5. El reconocimiento del principio de la libre autodeterminación
de los pueblos, el respeto y la solidaridad entre las naciones
y la solución pacífica de los conflictos entre
países.
6. Para el restablecimiento de nuestra soberanía e
independencia:
a) Se eliminará la subordinación económica,
política y militar de México respecto al imperio
estadounidense y a los centros financieros internacionales
como la OMC, la OCDE, el FMI y el BM.
b) Se derogarán todos los tratados comerciales y militares
que lesionen la soberanía como son el TLC y el PPP,
rechazando la firma de nuevos pactos de subordinación
como es el ALCA y los proyectos de control militar norteamericano.
7. El nuevo Estado mexicano debe basar sus relaciones con
otros países, bajo los siguientes lineamientos de Política
Internacional:
a) Pugnar por un nuevo orden mundial basado en la justicia,
la paz, la democracia, la dignidad y la sustentabilidad.
b) Promover la creación de una gran Nación fraterna
y solidaria, con todos los pueblos de América Latina
y el Caribe.
c) Establecer lazos de cooperación, solidaridad y fraternidad
con todos los pueblos de la tierra para la construcción
de una sociedad justa, libre y democrática; una sociedad
verdaderamente humana donde todos los hombres puedan satisfacer
plenamente todas sus necesidades físicas y espirituales.
d) Impulsar la democratización de la ONU, eliminando
el Consejo de Seguridad y el derecho de veto que actualmente
tienen cinco países.
II. POR UN NUEVO MODELO DE DESARROLLO ECONÓMICO.
Para dar soporte a los derechos del pueblo necesitamos crear
las condiciones que posibiliten el crecimiento económico
y una distribución equitativa de la riqueza social
entre todos los mexicanos. Para ello proponemos:
Una Economía Social
1. La construcción de una planta productiva nacional
que sea capaz de garantizar los bienes de consumo básico,
materiales y culturales, de una sociedad moderna, como alimentos,
transportes, vivienda, medios de comunicación, servicios
de salud, educación, cultura y esparcimiento. Así
como la producción de bienes de producción para
las ramas de la energía, petroquímica, metalúrgica,
máquinas y herramientas, telecomunicaciones, ferrocarriles,
automotriz, aviación, electrónica, biotecnología,
farmacéutica, navíos, entre otros.
2. El diseño de una política de impulso al desarrollo
de la educación, la ciencia y la tecnología.
3. Una planificación y rectoría económica
ejercida por la sociedad y por los nuevos órganos de
poder del pueblo, sostén del nuevo Estado mexicano,
que haga realidad la administración pública
y social de las empresas propiedad de la Nación.
4. La propiedad plena de la Nación sobre sus recursos
naturales y energéticos. Así como de PEMEX,
la CFE y la CLyFC.
5. El rescate de las empresas e industrias estratégicas
que fueron privatizadas por los gobiernos neoliberales para
convertirlas en propiedad de la Nación y en palanca
de desarrollo económico.
6. La nacionalización de las empresas monopólicas:
industriales, bancarias, comerciales y de servicios de las
ramas estratégicas de la economía. Y la creación
de un sistema financiero público y social que las integre.
7. La expropiación de los latifundios y la distribución
de la tierra entre los campesinos pobres.
8. La autosuficiencia y soberanía alimentaría,
construida a partir de nuevas formas de cooperación
y de producción social en el campo que posibiliten
el desarrollo en gran escala de biotecnologías que
no atenten contra la naturaleza. Así como el apoyo
en maquinaria y equipo, asesoría técnica, financiamiento,
comercialización y adquisición de fertilizantes
y el impulso a la agricultura orgánica.
9. El impulso y desarrollo de la infraestructura carretera,
portuaria y aeroportuaria y de represas sin la afectación
de derechos de los pobladores.
10. El desarrollo de la pequeña y mediana empresa en
el campo, la ciudad y los litorales, promoviendo la participación
de los trabajadores en sus planes de inversión, producción
y comercialización.
11. La creación y el impulso de redes comunitarias
de producción, comercialización y almacenamiento.
12. El respeto íntegro a los Acuerdos de San Andrés.
Lineamientos de Política Económica.
1. El impulso y ampliación de la industria nacional
y del mercado interno.
2. El incremento de la inversión social en servicios
públicos de transporte, agua, luz, drenaje, pavimentación,
comunicaciones, en todas las poblaciones del país.
3. La cancelación de la deuda externa e interna, especialmente
de la adquirida por el rescate bancario (IPAB/Fobaproa), carretero,
azucarero, así como de los Contratos de Servicios Múltiples
y los Pidiregas.
4. La cancelación de todos los acuerdos que lesionen
los intereses económicos de la Nación mexicana,
como el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica,
así como el rechazo a la instrumentación del
Plan Puebla Panamá y a la firma del Acuerdo de Libre
Comercio de las Américas. Estableciendo acuerdos comerciales
de beneficio mutuo entre las naciones.
5. La creación de un sistema fiscal que grave a los
que más tienen.
6. Por un presupuesto orientado prioritariamente al gasto
social y a la inversión productiva.
7. El impulso de la integración económica de
América Latina y el Caribe y la creación de
un mercado común.
III. POR UNA DEMOCRACIA POPULAR
En la lucha por lograr la Soberanía Nacional, la Democracia
Popular y la Justicia Social, el actual Estado antidemocrático,
debe ser reemplazado por un nuevo Estado de carácter
democrático y popular que garantice las libertades
y el ejercicio pleno de los derechos políticos del
pueblo, así como un sistema distinto de aplicación
de la justicia.
Por lo anterior, dado que , “la soberanía reside
esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público
dimana del pueblo y se instituye en beneficio de éste.
El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de
alterar o modificar la forma de su gobierno”, como lo
establece el artículo 39 de la actual Constitución,
se propone convocar a un nuevo Congreso Constituyente que
refunde a nuestra patria y elabore una nueva Constitución.
El desarrollo de este proceso de refundación debe sustentarse
en los siguientes principios:
1. La voluntad del pueblo mexicano de constituirse y hacer
efectiva una República Federal, Democrática
y Representativa.
2. Nuevas formas de representación y mecanismos de
democracia directa para la participación de la sociedad
en la toma de decisiones. Promoviendo como base de la nueva
institucionalidad la Asamblea y la Iniciativa Popular, el
referéndum y el fortalecimiento de las comunidades
y las regiones.
3. La nueva institucionalidad estará basada en la justicia,
deberá garantizar el control de todos los gobernantes
a través del mecanismo de la revocabilidad, deberá
garantizar, asimismo, el derecho al autogobierno y el ejercicio
autonómico de las colectividades locales, mediante
un proceso de redistribución de los poderes públicos
hacia las entidades locales y las regiones, con la participación
directa de la población.
4. Un nuevo sistema de impartición de la justicia basado
en la participación popular.
5. El respeto a las libertades fundamentales y el pleno ejercicio
de los derechos civiles y políticos, tanto individuales
como colectivos.
6. La democratización en todos los ámbitos de
la sociedad mexicana, en los medios de comunicación,
que garantice el pleno derecho a la información; la
erradicación del corporativismo en las organizaciones
de trabajadores, de campesinos y de profesionistas, para hacer
posible el ejercicio democrático en todas las esferas
de la participación social, así como la participación
democrática en los gobiernos de las instituciones públicas
de educación superior y en las empresas públicas
de la Nación.
7. La renovación general de las Fuerzas Armadas que
haga posible un nuevo Ejército de carácter y
esencia popular.
8. Una nueva Cultura política fundada en la ética
y la responsabilidad pública.
9. Igualdad de derechos y participación equitativa
entre los géneros.
El Congreso Constituyente debe estar conformado por los representantes
de todas las clases y sectores sociales: obreros industriales
y agrícolas, trabajadores de los servicios y el comercio,
de los campesinos, indígenas y pescadores, de los pequeños
y medianos empresarios del campo y la ciudad, de las organizaciones
sociales, civiles, de derechos humanos, ecologistas, de género,
de jóvenes y estudiantes, de comunidades eclesiales,
entre otros.
IV. DE LA JUSTICIA SOCIAL.
A lo largo de su historia y de sus luchas, el pueblo de México
y los trabajadores han conquistado derechos sociales, reconocidos
y plasmados en la Constitución, que son de naturaleza
universal y de carácter irrenunciable.
Para lograr la justicia social y condiciones de vida digna
para todos los mexicanos, es necesario ratificar la vigencia
de los derechos sociales alcanzados y ensanchar el horizonte
de estos derechos, bajo los siguientes lineamientos:
Derechos universales
1. A la alimentación.
2. A la asistencia médica y medicinas gratuitas para
todos los mexicanos, eliminando el carácter mercantilista
de la medicina, rescatando e impulsando la medicina alternativa
a la luz de los avances científicos.
3. A una vivienda cómoda e higiénica y a participar
en la planificación del desarrollo urbano.
4. A una educación gratuita, laica, democrática
y nacionalista en todos los niveles, basada en los progresos
del conocimiento científico, que contribuya a desarrollar
los ideales de fraternidad e igualdad de la humanidad.
5. A un trabajo digno y socialmente útil.
6. A una pensión por vejez o invalidez y acceso a la
infraestructura necesaria para el bienestar, cuidado y desarrollo
de los ancianos y minusválidos, con pleno respeto a
sus derechos.
7. A la emancipación de la mujer en todas las esferas
de la actividad social. A la plena equidad en derechos y oportunidades
respetando la diversidad cultural, racial, sexual y generacional.
A decidir sobre el propio cuerpo y a planificar su vida. Al
combate de toda forma de discriminación, del hostigamiento
sexual y castigando severamente a los violadores.
8. A la libre manifestación de las ideas y al acceso
a los medios de comunicación, individual y colectivamente.
9. A la libertad de creencia religiosa y a su práctica
en los centros de culto y domicilios particulares en el marco
de la separación entre las iglesias y el Estado.
10. Al respeto irrestricto de los derechos humanos.
Derechos laborales
1. A un salario cuyo monto mínimo sea suficiente para
satisfacer las necesidades normales de una familia, en el
orden material, social y cultural, y para proveer la educación
de sus hijos.
2. A percibir salario igual por trabajo igual.
3. A una jornada máxima de trabajo de 6 horas, 5 días
a la semana.
4. A recibir un seguro por desempleo.
5. A trabajar en un ambiente seguro e higiénico.
6. A recibir capacitación para el trabajo, como parte
de la jornada laboral.
7. A prestaciones sociales que garanticen el desarrollo integral
de los trabajadores en los campos de lo social, cultural y
recreativo.
8. A la irrenunciabilidad de los derechos laborales.
9. De asociación para la defensa de sus intereses comunes.
10. De huelga.
11. A pensiones dinámicas por invalidez, vejez, muerte,
enfermedades profesionales y accidentes de trabajo. A licencias
por maternidad prenatales, postnatales y para cuidados especiales
con salario y prestaciones íntegras.
12. Profundizar el carácter tutelar de las leyes laborales
e instituir mecanismos rápidos para lograr la justicia
laboral, así como definir sanciones contra los patrones
que violen los derechos laborales.
Derechos de los campesinos, de los pueblos indios y de los
migrantes
1. A la tierra y los recursos financieros y materiales para
su explotación racional, así como garantías
para la comercialización de los productos agrícolas.
2. A la autonomía, respeto a las formas de gobierno
y usos y costumbres de los pueblos indígenas y todos
los derechos reconocidos en los Acuerdos de San Andrés.
3. De todos los migrantes a ser protegidos por el Estado mexicano.
Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo.
México, D.F., a 18 de octubre de 2004.
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