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PROPUESTA BÁSICA |
*"Excelsior"-Sección
Ideas - Proyecto Un México para todos. México,
D. F., 7 de diciembre del 2005.
Cuauhtémoc Cárdenas
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.
Vivimos tiempos de cambio. Estamos cerca
ya de la elección en la que se renovarán los
poderes Ejecutivo y Legislativo de la nación. La gran
mayoría de los mexicanos atraviesan desde hace un cuarto
de siglo por una situación de estrechez extrema. Se
vive una crisis institucional. La transición a una
democracia plena, igualitaria y de efectiva participación
social, emite señales débiles y disparejas.
Hay descontento, incertidumbre y escepticismo en la ciudadanía,
que no se siente representada por nadie.
Hoy no se discute, no se crea conciencia
política, no se alienta la cohesión social,
no se hace ciudadanía ni se desarrolla organización.
No se estimula la participación cívica ni comunitaria,
más allá del llamado a votar cuando en los partidos
se siente que los tiempos llegan.
Es necesario insistir en que hay que pensar
y discutir el país que queremos, por encima de todo
y antes que nada. Hay que cambiar radicalmente la forma de
hacer política y subordinarla a un proyecto de país,
no a la simple ambición de poder o a la toma coyuntural
de las decisiones. Es preciso sacudir las conciencias e involucrar
a la gente en el proyecto de nación, en su elaboración
y puesta en práctica, lo que exige una decidida participación
en la actividad política, que no es sólo ni
necesariamente la electoral.
Debe tenerse presente que ningún sector
de la población podrá alcanzar su realización
particular si no lo hace como parte de una amplia pluralidad
e impulsando, al tiempo que las propias, las aspiraciones
de la colectividad.
Será importante lograr el compromiso de los principales
actores políticos del país en torno a cómo
incentivar y acelerar la transición a un proceso de
mejoramiento sostenido para México y los mexicanos,
que debe darse en el replanteamiento del pacto federal, la
consecuente reforma constitucional y de las instituciones
del Estado, la democratización y transparencia de las
prácticas políticas, en sentar bases sólidas
para garantizar un crecimiento económico que se mantenga
en el largo plazo y en el mejoramiento constante de las condiciones
de vida de la población.
Un primer paso en este sentido radica en promover la adopción,
por parte de los principales actores políticos -candidatos,
partidos, organizaciones sociales-, de un compromiso público
sobre aquellas cuestiones que garanticen hacia delante, en
el plazo medio y largo, la vigencia efectiva de un Estado
de derecho, prácticas democráticas en la vida
pública, respeto a las diferencias, así como
progreso económico y mejoramiento social para el conjunto
de la población, para que, independientemente de los
resultados de las elecciones del 2 de julio del 2006, exista
la coincidencia de una mayoría que resulte decisiva
en el esfuerzo de llevar a la práctica la que pudiera
considerarse una propuesta básica o compromiso común
mínimo, que incluyera:
1. Dar continuidad a la reforma electoral,
que está inconclusa. La gente reclama reducir y transparentar
los gastos de las campañas; reclama se llame a las
cosas por su nombre, empezando porque las supuestas precampañas
se reconozcan como campañas en la ley y en los cómputos
de gastos y tiempos electorales; reclama abrir la posibilidad
de candidaturas ciudadanas que no tengan que pasar necesariamente
por la aprobación y gestión de los partidos
políticos; facilitar el registro de nuevos partidos
políticos, sin que el registro represente acceso automático
a la asignación de dineros públicos; restituir
en la ley la figura de las candidaturas comunes; reunir en
no más de dos momentos dentro de un sexenio, los procesos
electorales federales, estatales y municipales.
En materia de reforma electoral, la medida
más efectiva, aquella donde se encuentra una primera
respuesta a las exigencias populares, esto es, la reforma
más de fondo, se encuentra en hacer equitativos los
tiempos, durante los procesos electorales, en los que partidos
y candidatos tengan acceso a los medios electrónicos
de comunicación, así como en acotar los tiempos
en los que pueda hacerse propaganda dirigida al público.
Para ello debe establecerse en la ley que las duraciones de
las campañas oficiales no rebasen, por ejemplo, los
noventa días en el caso de una campaña presidencial,
y que tal como sucede en los países con democracias
más avanzadas que la nuestra, se prohiba a partidos
y candidatos comprar tiempos en los medios electrónicos
-televisión y radio comerciales- y que éstos
sean asignados por la autoridad electoral de manera equitativa,
para que no sea el gasto mayor o menor en la compra de tiempos
lo que determine la mayor o menor presencia de las alternativas
electorales que se ofrezcan a la ciudadanía al través
de esos medios. Así se lograría reducir los
tiempos y reducir de manera significativa las erogaciones
públicas -y en su caso privadas- en las campañas
electorales.
Por otro lado y también en relación
con la cuestión electoral, debe prohibirse que en las
informaciones que dan las dependencias oficiales al través
de los medios de comunicación a la opinión pública
-televisión, radio, prensa escrita- aparezcan imágenes
de funcionarios, que si bien pudieron haber participado en
la promoción o ejecución de algún programa
o proyecto público, no hicieron sino cumplir con su
obligación y en su caso, con un mandato ciudadano,
pues ha sido irritante y ofensivo ver cómo candidatos
o precandidatos de los tres partidos de mayor presencia pública,
despilfarraron a lo largo del sexenio y hasta que dejaron
sus cargos oficiales, dineros públicos para su personal
promoción político-electoral. Para que nunca
más vuelvan a presentarse esos inmorales casos que
hemos visto a lo largo del sexenio y hasta que se formalizaron
las candidaturas o precandidaturas presidenciales en los tres
principales partidos, deberá darse el compromiso público
de los candidatos a todo puesto de elección popular
y de todo partido político, de enviar al inicio del
próximo período presidencial iniciativas o apoyar
propuestas legislativas para lograr esta prohibición.
2. Convocar a la revisión, con sentido
y procedimientos democráticos, de las bases y los términos
de nuestro pacto federal. De esa revisión surgirá
la nueva Constitución que contenga la estructura y
competencias de la Federación, los estados, los municipios
y de los tres poderes de la Unión, que considere los
derechos ya ganados por los mexicanos, sus nuevos derechos
y los procedimientos para que el ciudadano o las colectividades
hagan exigible su ejercicio frente al Estado, que esté
concebida visualizando la presencia de nuestro país
en el mundo globalizado, que establezca los cauces para el
tránsito de una democracia representativa plena, aun
por alcanzarse, a una democracia de amplia participación
social, así como los mecanismos de consulta ciudadana,
iniciativa popular y de revocación de los mandatos,
entre otras cuestiones.
3. Resultado esencial de esa reforma debe
ser un Poder Ejecutivo más eficiente en el cumplimiento
de sus funciones, mejor coordinado con los otros poderes y
más democrático en sus mecanismos de toma de
decisiones. De ahí surge la propuesta de dar un paso
previo a la convocatoria y a los trabajos de revisión
del pacto federal y transformar el actual régimen presidencial
en un sistema en el que se mantenga el Presidente de la República
como Jefe del Estado y se cuente además con un Jefe
de Gobierno, designado con la aprobación del Congreso,
responsable ante este cuerpo, al que debiera dotarse de facultades
para removerlo, al igual que a los secretarios de Estado,
responsable además, de coordinar al gabinete y de llevar
las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, que con
este nuevo régimen estarían en los hechos gobernando
con una coordinación realmente eficaz.
4. Un tema que ha sido recurrente en la discusión
política desde hace tiempo, es el de la reelección,
que en su momento tendría que discutirse a fondo, al
replantearse el pacto federal. Existe ya consenso relativamente
amplio en distintas corrientes del pensamiento político
respecto a la conveniencia de abrir las posibilidades de reelección
tanto de legisladores como de autoridades municipales -y,
en el caso de éstas, inclusive de considerar las posibilidades
de ampliar su mandato-.
No pueden sin embargo, desestimarse los temores de algunos
sectores de que se produjera una grave regresión política
de llegarse a un régimen de reelección absoluta,
ni olvidarse de nuestras experiencias históricas, sobre
todo las más recientes: la larga dictadura porfiriana,
que nace con la convocatoria a la no reelección y que
con el transcurso del tiempo se fue volviendo más autoritaria
y más represiva, y la reelección del Presidente
Obregón, que acabó en su asesinato.
Considerando además, que si bien la
reforma que permita la reelección puede ser de gran
importancia para elevar la calidad de la vida legislativa
y para dar continuidad y eficiencia a la gestión municipal,
habría que precaverse respecto a posibles pretensiones
para extender esos mecanismos y posibilidades al Ejecutivo
federal y a los Ejecutivos estatales en una democracia aun
en consolidación como es la nuestra, por lo que independientemente
de que durante la próxima administración se
presenten al Congreso iniciativas de reformas para permitir
la reelección de legisladores y de autoridades municipales,
debiera hacerse público y explícito el compromiso
de todos los candidatos presidenciales y a legisladores que
tomen parte en el proceso que lleva a las elecciones del 2
de julio del 2006, así corno de todos los partidos
políticos, de que en el curso del próximo sexenio
no enviarán al
Congreso ninguna iniciativa que pudiera abrir
la posibilidad de reelección o de ampliación
del mandato presidencial y en su caso, votarán en contra
o vetarán cualquier proyecto que se presentara en ese
mismo sentido, así como de no promover o aceptar los
resultados de ninguna consulta ciudadana que pudiera desembocar
en la reelección presidencial y/o de Ejecutivos estatales
o en la prolongación de sus correspondientes mandatos.
5. Adoptar una nueva política económica
que tenga entre sus objetivos principales generar un proceso
de crecimiento económico de largo aliento y que de
manera prioritaria estimule la creación de empleos
formales.
Una política económica con
esos objetivos generales exige de mayores recursos para invertir
en el desarrollo, por lo que parte esencial de la misma lo
constituye una reforma hacendaría equitativa, eficaz,
simple en sus mecanismos, que se sustente de manera importante
en elevar los montos recaudados por el cobro eficiente del
impuesto sobre la renta de personas físicas y en el
combate a su evasión -con un potencial de incremento
de la recaudación de 600 mil millones de pesos-; en
suprimir regímenes preferenciales, exenciones y deducciones
ahora permitidos -528 mil millones de pesos-; incorporar al
padrón de contribuyentes a quienes se desempeñan
en la informalidad, otorgándoles contraprestaciones
en el campo de la seguridad social; establecer un IVA diferenciado:
que mantenga las tasas cero para el consumo de alimentos,
medicinas, publicaciones, agua potable para usos domésticos,
que preserve la exención para servicios médicos,
educativos, de transporte público terrestre y de vivienda,
reduzca al 10% este impuesto para servicio telefónico
público, vestido, calzado, electricidad para uso doméstico
y otros artículos para el hogar, que lo aumente al
20% para los consumos de bebidas alcohólicas, tabaco
y otros artículos de carácter suntuario -10
mil millones de pesos-; en simplificar en lo general el sistema
de pago de impuestos; y en garantizar el respeto absoluto
a la autonomía del Banco de México, encomendándole
además del control de la inflación, tomar medidas
para el fomento del crecimiento económico y del empleo.
6. Hacer compatible la apertura económica
con la equidad, reubicando lo social dentro del espacio público
al mismo tiempo que se fortalecen la democracia y sus instituciones.
Esta visión, que hace unos años parecía
impensable, hoy es más necesaria que nunca porque los
esquemas de integración y apertura indiscriminada hasta
ahora vigentes, sólo han dejado más pobreza
y desigualdad en el mundo y en nuestro país.
Por eso, la mejor y la única manera
de erradicar la pobreza y promover la equidad es alentando
un desarrollo alternativo que incluya una mejor distribución
del ingreso, empleo estable, formal y de calidad y un sistema
tributario solidario, equitativo y adecuado a las necesidades
del país.
La exclusión sigue siendo el signo
de nuestros tiempos. La discriminación de quienes son
diferentes por su género, edad, color de piel o preferencia
sexual constituye una realidad cotidiana. Esas disparidades
sociales son resultado del acceso desigual a los recursos,
de la puesta en marcha solamente de políticas asistencialistas
y focalizadas, y de la exclusión de las mayorías
de la toma de decisiones. Los apoyos gubernamentales son vistos
desde los medios oficiales como prebendas y, en muchos casos,
se prestan al control y manejo corporativo desde el momento
mismo en que existe una selección y se tiene que comprobar
que se cumplen determinados requisitos para acceder a ellos.
Una estrategia realmente democrática de desarrollo
social significa poner en práctica un enfoque totalmente
diferente y garantizar el ejercicio pleno de los derechos
sociales y sobre todo la vigencia de su carácter universal.
No basta, por lo tanto, con supuestamente
invertir en capital humano como se hace hasta ahora con programas
como el denominado Oportunidades. Es necesario generar un
modelo productivo, con seguridad social y redes de protección
comunitarias, en las que todos se sientan y estén efectivamente
incluidos, por la sencilla razón de que tienen acceso
al ejercicio irrestricto de todos sus derechos.
Es necesario poner en marcha un programa
nacional de inclusión social, que considere como prioridades
relativas a la dimensión social del desarrollo la ampliación
del nivel de empleo, para proporcionar ocupación a
los que ingresan a los mercados de trabajo, reducir el desempleo
y combatir la precariedad del empleo; la mejoría del
perfil de distribución del ingreso, sobre todo por
medio del aumento del salario mínimo y de una tributación
no regresiva; la creciente universalización de la morada
propia, de los servicios urbanos esenciales (agua, saneamiento
y transporte público) y de los derechos sociales básicos
(salud, educación, seguridad social y protección
del empleo); el acceso a la cultura; y, el combate al hambre
y a la pobreza extrema, con asistencia social para los excluidos.
Mientras persistan las prácticas discriminatorias
y los jóvenes, las mujeres, los indígenas, las
personas con capacidades diferentes y la comunidad gay no
puedan ejercer plenamente sus derechos, sólo por el
hecho de ser diferentes, no podrá hablarse de equidad
y democracia. Por lo demás, la realidad demuestra que
la igualdad jurídica no es suficiente. Una perspectiva
diferente parte de asumir que para alcanzar la equidad es
necesario impulsar acciones afirmativas que compensen las
desigualdades y, por otro lado, dar poder a quienes han sido
excluidos de la toma de decisiones. En esto hay que ser muy
claros. Un gobierno que no esté comprometido plenamente
con el respeto a la diferencia simplemente no es democrático
y menos aun puede llamársele progresista.
7. Instrumentar una política que recupere
las capacidades productivas del campo, comprometiendo inversiones
en obras de infraestructura; créditos de avío
y refaccionarios; que promueva la integración de las
cadenas productivas, desde el cultivo de la tierra hasta la
agroindustria, la comercialización, etc.; fomente la
organización de los productores; dicte medidas para
hacerlos competitivos tanto en los mercados internos como
de exportación; negocie la supresión de subsidios
de los que ahora disfrutan los productores y los productos
agropecuarios, forestales, pesqueros y acuícolas de
los socios comerciales de nuestro país, así
como la revisión de los acuerdos internacionales suscritos
por México a fin de tornarlos equitativos, entre otros,
para los productores rurales.
8. Desarrollar una política energética
que tenga como prioridades la reducción gradual de
las exportaciones de petróleo crudo y la transformación
industrial del producto en el país, el desarrollo de
la industria petroquímica, ampliar la capacidad de
refinación y eliminar la importación de combustibles,
aumentar la producción de gas natural, dar autonomía
presupuestal y de gestión a los organismos públicos
del sector, adecuar el régimen fiscal de Petróleos
Mexicanos hasta que corresponda al que rige para las demás
empresas y actividades productivas, diversificar las fuentes
de generación de energía, reforzar la vinculación
de los institutos de investigación con los organismos
y empresas del sector energético, restablecer la vigencia
del Estado de derecho en el sector y mantener el orden constitucional
que rige en él.
9. Formular y llevar a la práctica
un plan nacional de seguridad, que considere con prioridad
las medidas para la prevención del delito, los mecanismos
para la investigación y persecución de los hechos
delictivos, la revisión y en su caso reestructuración
del sistema de administración de justicia y de las
políticas de readaptación y reinserción
social, en cuya elaboración y ejecución se involucren
los gobiernos federal, estatales y municipales, los tres poderes,
tanto federales como estatales, los sistemas educativo y de
salud, los medios de información -televisión,
radio, prensa escrita-, al que se asignen recursos presupuéstales
suficientes y cuya supervisión se encomiende a grupos
representativos e informados de la sociedad.
10. Pugnar por un orden internacional equitativo
y justo y por una globalización incluyente, para lo
que resulta fundamental impulsar la integración económica
de América Latina y el Caribe y en lo inmediato, el
replanteamiento del proyecto del Área de libre comercio
de las Américas -el ALCA-.
El ALCA, en los términos en los que
está actualmente propuesto, sólo conduciría
a la anexión económica del continente por los
Estados Unidos, con gravísimas consecuencias para las
estructuras productivas y las condiciones sociales de los
países latinoamericanos y del Caribe.
Ante esta perspectiva, debe plantearse no
un acuerdo de libre comercio entre los países del continente,
regido por una hegemonía, tal como lo promueve el gobierno
norteamericano y servilmente lo apoyan otros gobiernos como
el de México, sino un acuerdo continental de desarrollo
y comercio, que lleve entre sus objetivos prioritarios reducir
hasta borrar las asimetrías económicas y sociales
existentes mediante, principalmente, la generación
de empleos y el acceso a los conocimientos de punta y a la
educación de calidad, así como sentar las bases
de un crecimiento económico sostenido en el largo plazo,
que considere además, la creación y utilización
de mecanismos como los fondos de apoyo y compensación
que fluyan de los países de mayor desarrollo relativo
hacia los menos desarrollados, para modernizar y hacer eficientes
los procesos productivos y la infraestructura de servicios,
acuerdos para el mejoramiento del medio ambiente, para tener
condiciones dignas de trabajo, equivalentes a las de los países
más desarrollados del área, y el libre tránsito
de personas en el continente.
Estos son algunos puntos que, como expresé
al principio, considero que de llevarse a la práctica,
serían básicos para garantizar tranquilidad
política, un efectivo avance democrático, crecimiento
económico y mejoramiento social en el plazo medio y
largo. Son sólo algunos puntos, lo reitero, pues nuestra
propuesta amplia está contenida en el documento Un
México para todos, trabajo colectivo que fue presentado
a la opinión pública hace ya casi dos años
y planteamientos con mayor desarrollo sobre temas relevantes,
derivados del mismo proyecto, serán presentados en
este foro por los compañeros que seguirán hoy
y mañana con sus exposiciones.
Importante será que lo que a lo largo de este foro
se plantee, sea analizado, discutido y en su caso adoptado
y asumido como compromiso público por candidatos y
partidos que toman parte en el proceso político que
culminará el 2 de julio próximo. Es sin duda,
una pretensión ambiciosa de nuestra parte, pero posible
de alcanzarse si realmente se quieren crear las condiciones
para resolver de fondo y con sentido patriótico y democrático
las necesidades de los mexicanos y los problemas del país.
Quiero felicitar a la "Sección
Ideas" del "Excelsior" por su iniciativa de
abrir el debate sobre los grandes temas de la nación
y agradecer, en nombre de quienes participamos en el proyecto
Un México para todos, la oportunidad que nos ha abierto
para contribuir a este debate con nuestras visiones y propuestas.
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