Una visión de la
economía desde la izquierda democrática |
*Colectivo Un México
para todos.
8 de Diciembre de 2005 |
Una visión diferente de la economía mexicana
debe tender a la construcción de un nuevo patrón
de desarrollo económico distinto al neoliberal, cuyos
objetivos fundamentales sean garantizar el acceso a oportunidades
equitativas de empleo apropiado e ingresos suficientes a todos
los trabajadores, y para ello, usar sustentablemente los recursos
naturales del país, de manera que se salvaguarde su
disfrute por las generaciones presentes y futuras.
Esta economía debe garantizar el crecimiento sostenido
y sustentable del sector productivo, mediante la promoción
del mercado interno y la economía popular, la integración
del sector informal y la reconstrucción de las economías
regionales y locales. Para lograr este desarrollo, el Estado
debe ser sólido, eficiente, contar con finanzas públicas
sanas y suficientes para promover el crecimiento económico
y sustentar el desarrollo social, y rendir cuentas a la sociedad
organizada.
La equitativa distribución de los frutos y beneficios
entre todos los sectores y actores productivos, será
la base necesaria de la estabilidad de esta nueva economía.
1. Armonía del mercado, los derechos de la sociedad
y las responsabilidades del Estado.
El mercado ha demostrado su incapacidad para solucionar los
problemas asociados al desempleo, la desigualdad del ingreso,
la carencia de servicios sociales, la pobreza, la inequidad
y la exclusión social, cuya solución corresponde
al Estado.
La libertad individual en todas sus manifestaciones, políticas,
sociales y económicas es un bien que debe preservarse,
pero no podemos hacerlo a expensas de lo público, que
permite organizar y ordenar la vida colectiva. Lo público,
que no debemos identificar a lo estatal, tiene que tomar un
nuevo lugar en el pensamiento social y en la práctica
política que se expresa en la gestión de gobierno.
Refundar lo público como uno de los ejes de la organización
social requiere de un nuevo cuestionamiento sobre la naturaleza
y el papel del Estado, pues cualquier transformación
dentro del orden social capitalista exige de la acción
del Estado.
Se requieren reformas, con la finalidad de impulsar el crecimiento
de la economía, el empleo y los ingresos de la población
trabajadora, y para avanzar en la igualdad de oportunidades
y en la inclusión social, objetivos que no han sido
garantizados por el ajuste neoliberal. Dichos cambios se refieren
a la política económica general y sectorial,
a la reforma fiscal, a la reforma laboral y a la reforma energética.
Los cambios deberán diseñarse para que el Estado
asuma un mayor compromiso con las demandas e intereses de
la mayoría de la población.
Tenemos que realizar una amplia discusión para lograr
los acuerdos políticos y sociales que permitan poner
fin a la parálisis del Estado y generar los apoyos
necesarios para llevar a cabo las reformas necesarias, no
como resultado de mayorías legislativas precarias,
sino como producto de un auténtico consenso social
y político.
Crecimiento económico, equidad social y libertades
políticas deben ser la prioridad de la agenda de un
nuevo gobierno. Ninguno sustituye o tiene prioridad sobre
los otros y deben impulsarse simultáneamente.
2. Promoción del crecimiento económico con más
y mejores empleos
El desarrollo económico del país requiere
que la economía crezca. Es urgente que la economía
retome una dinámica de crecimiento que permita aumentar
el PIB un 6% anual promedio. Solo así será posible
crear al menos el millón de nuevos puestos de trabajo
al año que demandan los jóvenes que se incorporan
por primera vez al mercado laboral. Alrededor de 23 millones
de mexicanos se encuentran en el subempleo y la precariedad
laboral, debido al escaso dinamismo de la economía
experimentado durante el periodo 1983-2004 y a las crisis
recurrentes, que provocaron que millones de personas no tuvieran
la oportunidad de acceder a un empleo formal.
Los dos grandes propósitos de la economía deben
ser: crecimiento económico y generación de empleos
bien pagados.
Lo anterior hace indispensable una política activa
en materia de empleo y la necesidad de alcanzar un mayor nivel
de educación, con más calidad, que beneficie
a los jóvenes para que ingresen en mejores condiciones
al mercado laboral, así como para que aquellos trabajadores
ubicados en la informalidad o en el autoempleo, estén
en condiciones propicias para ocupar los puestos de trabajo
creados en el sector formal de la economía.
En la generación de nuevo empleo y la superación
de la precariedad e informalidad, deben converger todos los
instrumentos de política económica que forman
parte de esta propuesta, además de una política
educativa formal y de capacitación laboral de alta
calidad orientada a aumentar la productividad del trabajo
y a dar la experiencia necesaria para el ingreso al trabajo
formal, que deberá ser abordada en forma conjunta por
el sector público, el privado, el social y el sindicalismo,
mediante concertación y acuerdo multi sectorial.
Dada la situación de la gran mayoría de los
trabajadores mexicanos, proponemos también un programa
emergente de reactivación económica, basado
en la inversión pública, con las siguientes
líneas prioritarias: a) un Programa de Obra Pública
necesaria para el crecimiento económico y el desarrollo
social, considerando sus efectos multiplicadores en la demanda
y la inversión total nacional, y en la generación
de empelo; b) programas de micro crédito, focalizados
hacia formas asociativas y cooperativas, complementados con
programas de educación y capacitación, que apunten
sobre todo a la formación productiva de la mujer; c)
aumento de las partidas destinadas al desarrollo rural, en
particular al crédito a los productores campesinos,
la infraestructura productiva, el acceso a la tecnología
y a enfrentar los riesgos de la apertura comercial del sector;
d) incremento de las partidas destinadas a la educación,
la salud y seguridad social para superar el rezago en estas
materias, pues el fomento de la equidad y la lucha contra
la pobreza deben empezar con programas educativos y de salud
para los niños; y d) la elevación de los fondos
participables a estados y municipios.
3. Recuperación del poder adquisitivo del salario
y seguridad en el empleo.
Un rasgo característico del mercado de trabajo mexicano,
que incluye a la economía formal y a la informal, son
los bajos salarios reales. Se requiere aumentar la creación
de nuevos puestos de trabajo bien remunerados, estables y
con las prestaciones de seguridad social que señala
la ley, lo que permitiría una mejor distribución
del ingreso. Para impulsar el crecimiento del salario real
será necesario continuar con la reducción de
la inflación y aumentar la productividad laboral y
de la economía, para que las remuneraciones de los
asalariados crezcan por arriba de la inflación.
Mediante la concertación entre los agentes económicos
y el Estado, se podrían acordar alzas salariales que
permitirían preservar la competitividad de las unidades
productivas asociada a una mejora en las remuneraciones reales
de los trabajadores, lo cual sería benéfico
para el desarrollo del mercado interno, y se traduciría
en la elevación de las condiciones de vida de la población.
Una premisa esencial es que los aumentos a los mínimos
no serían superiores a los de la productividad de los
trabajadores, para evitar la pérdida de competitividad
de las empresas y garantizar su supervivencia en el mercado,
junto con los empleos que generan. Sin afectar el control
de la inflación, es necesario recuperar paulatinamente
la capacidad de compra real de los salarios, para dinamizar
la demanda interna y crear un círculo virtuoso entre
recuperación del salario, crecimiento de la demanda,
impulso a la producción y el comercio, creación
de empleo bien remunerado y estable y aumento del ingreso
de los hogares.
Debemos avanzar hacia la creación del salario y el
seguro de desempleo y la reducción de la jornada laboral,
sin disminución del salario. La legislación
deberá propiciar formas de cobertura para los trabajadores
informales, como beneficio en caso de regularización
fiscal.
Parte fundamental de una reforma laboral es la democratización
de los sindicatos. El corporativismo, usado para mantener
el control y el sometimiento de los trabajadores a las decisiones
gubernamentales, no tiene cabida en tiempos de democracia,
globalización y alta competitividad de las empresas.
Se necesitan empresas fuertes, pero también sindicatos
fuertes, para que, gracias al equilibrio, los beneficios de
la producción se distribuyan con equidad entre empleadores
y trabajadores.
4. Revitalización del mercado interno e impulso al
sector exportador
Para revertir en forma durable las tendencias de la economía
mexicana que han contraído el mercado interno, se requiere
de un esfuerzo institucional y de organización orientado
a poner en pie una política activa de desarrollo nacional
que deje atrás la concepción falaz según
la cual los mecanismos del mercado y la acción del
estado son incompatibles, y diseñe estrategias y políticas
encaminadas a resolver al mismo tiempo los problemas específicos
de asignación de recursos y los grandes asuntos estructurales
relacionados con el desarrollo a largo plazo.
Requerimos diseñar una política económica
integrada en torno a un proyecto estratégico nacional.
La recuperación del mercado interno y la consolidación
de las empresas que trabajan en él y para él
son condiciones insustituibles de una inserción más
equitativa en la economía globalizada. Un mercado interno
sólido debe ser la base de la recuperación del
crecimiento y la plataforma del esfuerzo exportador. Esta
reorientación del desarrollo requiere el diseño
y establecimiento de una política industrial plenamente
coordinada con los gobiernos estatales, que oriente y fomente
el desarrollo regional, armonizando la producción competitiva
para los mercados interno y exterior.
La reintegración de las economías regionales
–urbanas y rurales-, superando los límites administrativos
mediante acuerdos y programas multisectoriales de desarrollo,
a través de la articulación programada de los
distintos sectores productivos en cadenas de proveeduría
de insumos y productos, de generación de valor, de
aporte tecnológico y de comercialización, permitiría
impulsar el desarrollo en regiones hasta ahora estancadas,
incrementar los flujos de interregionales de recursos, ampliar
los mercados locales, y elevar la productividad y competitividad
de nuestra producción en el mercado externo y ante
la producción importada.
La idea no es destruir lo ya construido ni frenar a los grandes
conglomerados exportadores, sino establecer esquemas más
amplios de participación para incorporar a micro, pequeñas
y medianas empresas en condiciones competitivas. Debemos apoyar
preferentemente a micro, pequeñas y medianas empresas,
alentando la constitución de redes de economías
regionales que se vinculen con las ramas y empresas de mayor
dinamismo, mediante esquemas de financiamiento, subcontratación
y desarrollo de proveedores, apoyo tecnológico y capacitación
de la mano de obra. Habrá que identificar productos
con alto valor económico y factibilidad técnica
de manufactura local, y alentar la incorporación de
nuevos bienes a la exportación, propiciando encadenamientos
industriales.
5. Integración latinoamericana y equilibrio comercial
competitivo con el exterior.
La reactivación de la economía mexicana, implica
la promoción de una reforma del orden económico
mundial, la cual es indispensable para avanzar en una alternativa
nacional distinta. Se trata de pugnar por la igualdad y la
equidad en las relaciones económicas internacionales,
bilaterales y multilaterales, para superar las asimetrías
y subordinaciones de la actual forma de globalización,
y poder aprovechar sus ventajas, pero adaptándolas
a las exigencias propias de nuestro país.
México debe promover entre los países latinoamericanos
y otros, la demanda de una reestructuración global
que forje condiciones de igualdad y equidad en el funcionamiento
de los organismos económicos multinacionales: Banco
Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización
Mundial de Comercio, y regule con equidad los flujos mundiales
de capital, mercancías e información tecnológica.
La promoción activa del proyecto para erigir la Comunidad
de Naciones de América Latina y el Caribe, integrada
económica y políticamente, servirá también
a la creación de un instrumento regional de integración
para el desarrollo económico y social, Uno de sus componentes
sería la formación de un mercado común
de la región. Con ese objetivo, México debe
vincularse a la discusión y ejecución de la
iniciativa en curso para formar la Comunidad de Naciones de
América del Sur, y promover que se amplíe a
todos los países latinoamericanos y del Caribe.
Con la correlación de fuerzas derivada de la integración
latinoamericana, propondremos la revisión de los tratados
de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, con
la Unión Europea y Japón, para lograr las mismas
condiciones que se buscan en la Comunidad de Naciones: la
equidad e igualdad en las relaciones económicas; la
validación del concepto de nación menos favorecida
bajo un criterio de trato equitativo; la creación de
fondos compensatorios de desarrollo regional; la libre circulación
de la fuerza laboral; la igualdad de derechos laborales, sociales
y políticos para los migrantes; el respeto a las diferencias
culturales; la corresponsabilidad ambiental; y la formación
de instancias ciudadanas de evaluación del desempeño
de los tratados y de propuesta de reformas. En particular,
se buscará en forma inmediata, la renegociación
de los capítulos agrarios y agroindustriales, para
proteger los intereses de los productores mexicanos, mientras
se superan las asimetrías imperantes.
6. Reconstrucción del sistema bancario y de fomento.
Lograr un cambio estructural de la economía nacional
requiere un nuevo modelo de financiamiento del desarrollo
sustentado en tres grandes vertientes de acción: a)
reformar la Ley Orgánica del Banco de México
a fin de restituir su obligación de contribuir a través
de una política monetaria activa no sólo a la
estabilidad sino al crecimiento económico mediante
el fomento de las actividades productivas; b) reorientar el
funcionamiento de los distintos intermediarios financieros
–bancarios y no bancarios- hacia el apoyo de los proyectos
productivos y de infraestructura de las distintas regiones
del país; y c) reorientar, también, la utilización
del ahorro interno y la disponibilidad de divisas hacia la
reactivación económica y el financiamiento de
proyectos estratégicos para la modernización
y crecimiento de la economía.
Una política monetaria expansiva, mediante la ampliación
del crédito público en la banca de desarrollo
sería un detonador importante de la actividad económica.
El mayor acceso de las empresas al crédito para capital
de trabajo contrarrestaría las expectativas de incertidumbre
actuales y permitiría aumentar la oferta y la demanda
social. El Estado debe fortalecer la banca de fomento, tomar
la iniciativa e ir a la empresa y a los trabajadores, para
que los tres, busquen la solución a los problemas de
producción, productividad, integración y expansión.
Se requiere también reestructurar e impulsar de nuevo
la desmantelada banca pública de desarrollo como instrumento
fundamental del Estado para promover y orientar el crecimiento
económico; y su reincorporación a la operación
crediticia de primer piso, para otorgar financiamiento directo
sin pasar por los bancos comerciales, con un propósito
regional y sectorial.
La banca debe recuperar su función fundamental de
promotora del crecimiento a través del crédito.
Un elemento fundamental de este proyecto de nación
es desarrollar una nueva banca comercial en manos de mexicanos,
bajo una nueva normatividad de servicio y un compromiso con
el desarrollo nacional.
El Estado tiene la obligación de brindar apoyo financiero,
tecnológico, de aseguramiento, y en infraestructura
educativa y de capacitación, a empresas y trabajadores,
y de crear las condiciones de estabilidad y confianza que
reorienten los movimientos de capitales, para que los flujos
en vez de ir a la especulación y al subsidio de los
productores del exterior, se orienten a la inversión
productiva en nuestro país.
7. Fortalecimiento del ahorro e incremento de la inversión
productiva.
Una política económica que promueva el desarrollo
económico y social no puede basarse, como antes, en
el proteccionismo indiscriminado a las actividades productivas
internas, ni en un excesivo gasto público financiado
con grandes déficits, porque propician un alto costo
social que tiene su origen en la depreciación de la
moneda nacional, los incrementos en las deudas pública
y privada, la inflación y el desempleo.
Es por ello que se deben fortalecer las bases que permitan
generar un ahorro suficiente en el largo plazo, para financiar
sanamente el crecimiento de la economía. En la consecución
de ese propósito desempeña un papel destacado
la estabilidad de los mercados financieros.
La otra política macroeconómica relevante es
la de gasto público, ya que mediante un mayor gasto
el gobierno puede impulsar la actividad económica y
la ocupación. No obstante, es fundamental que el Estado
financie sus programas a través de los recursos adicionales
que le pueda proporcionar una reforma fiscal evitando y castigando
la evasión fiscal del ISR de las personas físicas
pertenecientes a los estratos de altos ingresos de la población,
para que no absorba los ahorros que puede utilizar la sociedad,
como ocurriría con nuevos impuestos a las personas
físicas y morales que reducen su demanda.
Una fuente adicional de financiamiento a la economía
popular productiva puede obtenerse de la orientación
de los excedentes de las remesas de los trabajadores mexicanos
en el exterior, mediante sistemas de ahorro y crédito
adecuados a las redes de flujos hasta los familiares en México,
hacia la creación y operación de empresas asociativas
y cooperativas en el marco de las economías regionales,
que generen empleo e ingresos estables para sus miembros.
La finalidad de las políticas macroeconómicas
no consiste solamente en expandir la demanda, sino sobre todo,
generar condiciones para un mejor desempeño de la oferta,
condición imprescindible para mantener el equilibrio
comercial externo, ya que el aumento de la producción
y exportación en los sectores de la economía
que producen bienes intercambiables en el mercado mundial,
como el agropecuario y la industria manufacturera, contribuirá
a evitar el deterioro de la balanza comercial.
En conclusión, existen posibilidades de impulsar
una reactivación de la economía y la ocupación
sin generar desequilibrios macroeconómicos. La condición
básica para llevar a cabo una política macroeconómica
de esta naturaleza consiste en que el Estado disponga de una
captación suficiente de ingresos públicos para
asumir el costo de un proyecto de gobierno de este calibre.
8. Aumento de la inversión pública para la
infraestructura social y productiva.
La disponibilidad de infraestructura productiva y social
suficiente y de calidad, es una condición necesaria
de la elevación de la productividad laboral y económica,
de la competitividad de las empresas, ciudades y regiones
en el mercado nacional e internacional, de la reversión
de las desigualdades del desarrollo regional, y de la distribución
social equitativa de los frutos del crecimiento económico.
La prioridad será siempre el mantenimiento de la infraestructura
disponible necesaria, para evitar su desvalorización
y deterioro. La política de generación de nueva
infraestructura económica y social deberá partir
de criterios bien definidos que establezcan las prioridades.
El sector público dará prioridad a la inversión
en infraestructura productiva y social necesaria para sustentar
el crecimiento económico y el desarrollo social. Las
obras aisladas, de prestigio y publicidad, o de beneficio
particular deben ceder su lugar a los proyectos integrados
en sistemas planeados estratégicos y de largo plazo.
Consideramos prioritaria la infraestructura: hidráulica,
energética, con énfasis en energía alternativa,
transporte colectivo, abasto popular, vivienda popular y servicios
conexos; educación pública en todos sus niveles;
salud pública y asistencia social; y cultura popular.
Los resultados de estas medidas serán a mediano y
largo plazo. Por ello y dada la situación de la gran
mayoría de los mexicanos, proponemos que el programa
emergente de reactivación económica, antes señalado,
incluya un Programa de Obra Pública Necesaria para
el crecimiento económico y el desarrollo social, considerando
sus efectos multiplicadores en la demanda y en la inversión
total nacional, destinada a la educación, salud y seguridad
social para superar el rezago nacional en estas materias,
la infraestructura productiva para el desarrollo rural y la
consolidación de economías regionales, el desarrollo
de la tecnología y la industria relacionada. y la elevación
de los fondos participables a estados y municipios para infraestructura.
9. Crecimiento con equilibrio sectorial, regional y ambiental
Se contemplan cinco ejes principales para conducir el crecimiento
sostenido de la economía con sustentabilidad social,
política y ambiental: 1) la expansión de la
industria petrolera, haciendo énfasis en la transformación
industrial del recurso en el país y el desarrollo de
la petroquímica; 2) la recuperación productiva
del campo, aprovechando racionalmente el potencial económico
de la amplia biodiversidad con que cuenta el país;
3) la reversión del proceso de desindustrialización
que ha ocurrido en las dos últimas décadas,
y la integración de la industria maquiladora en redes
internas de generación de valor, mediante acciones
coordinadas de los sectores privado, social y público;
4) el fomento al turismo en sus diferentes modalidades, en
particular el histórico-cultural y el ecológico;
y 5) la integración y desarrollo de la economía
popular y las formas asociativas, para revertir las tendencias
de crecimiento de la economía informal.
La situación de profunda desigualdad del crecimiento
económico y, por tanto, del desarrollo social que sufre
el país, tiene que cambiar, es prioritario impulsar
a las regiones con mayor rezago, para que puedan disponer
de condiciones y oportunidades propicias para el desarrollo
económico. Para lograrlo, la estrategia propuesta se
basa en el desarrollo de un federalismo equitativo con descentralización
de funciones y recursos; y la identificación de las
vocaciones potenciales económicas de las regiones,
para reconstruir las economías regionales a partir
de su valorización.
No obstante, siendo positiva en sí misma la descentralización
del gasto público y la ampliación de la infraestructura
productiva y social, son insuficientes para solucionar el
problema del desigual desarrollo económico regional.
La Política de Desarrollo Regional debe ser una estrategia
y un conjunto de instrumentos que desde el Estado se pongan
en práctica para impulsar o fomentar la especialización
económica de las regiones, buscando el aprovechamiento
óptimo de sus recursos y ventajas económicas
comparativas y competitivas para promover el crecimiento del
producto y del empleo, otorgando sustentabilidad al desarrollo
e induciendo encadenamientos virtuosos entre regiones.
10. Política energética soberana
La importancia del sector energético es conocida. Es
un sector estratégico desde el punto de vista económico
y de las finanzas públicas, es factor clave en nuestra
política exterior y es vital para la seguridad nacional,
para el buen funcionamiento de las actividades productivas
y el bienestar de las familias mexicanas. Por ello, frente
a la situación actual de deterioro social creciente
y de prolongado estancamiento económico, es preciso
dar un cambio radical a las políticas energéticas
y en particular a la petrolera, lo que resulta central en
cualquier convocatoria a la transformación nacional,
con miras a la gestión del nuevo gobierno.
Hemos formulado puntualmente un conjunto de propuestas que
integran una visión de los cambios necesarios para
el fortalecimiento y mejor desenvolvimiento del sector energético,
en este documento, baste señalar que, preservando el
marco constitucional vigente es posible adoptar las decisiones
que se requieran para cumplir las metas que el desarrollo
del país está demandando. Dentro de ese marco,
debe modernizarse la estructura institucional del sector energético
para aumentar sensiblemente el suministro de bienes y servicios,
al menor precio posible y de manera que resulte competitivo
con el exterior, bajo un esquema que reconstruya la relación
de los organismos públicos con la industria y las instituciones
científicas y técnicas proveedoras de insumos,
servicios de ingeniería y bienes de capital. Esta es
tarea de las empresas del Estado y una de las razones de su
existencia frente a la nación.
11. Política industrial para la competitividad y política
de fomento a la producción agropecuaria
México requiere de una inserción diferente
en la globalización, a partir de un proyecto nacional
cuyo eje sea la construcción de un sistema productivo
más articulado. Se requiere restaurar e integrar las
políticas minera, industrial y agropecuaria como ejes
de la producción. Una verdadera política industrial
pasa por la formulación de una estrategia general de
industrialización, incluida en la planeación
estratégica, que defina áreas estratégicas
y prioritarias, así como el desarrollo de instrumentos
específicos de fomento sectorial.
Esta política de fomento industrial debe responder
integralmente, y en el mediano y largo plazo, a un conjunto
de criterios esenciales. El primero y básico es que
el esfuerzo debe dirigirse hacia la reconstrucción
y ampliación del mercado interno, como soporte y condición
del esfuerzo exportador y base de estabilidad de la economía
en los ciclos recesivos de la demanda externa.
La política industrial se orientará prioritariamente
a impulsar y soportar a la industria asociativa, micro, pequeña
y mediana, a su integración en cadenas y redes de proveeduría,
al impulso al cambio tecnológico adecuado, al aumento
de la productividad, y al mejoramiento de sus circuitos de
comercialización. Se requiere alentar la constitución
de redes de economías regionales que se vinculen con
las ramas y empresas de mayor dinamismo, mediante esquemas
de financiamiento, subcontratación y desarrollo de
proveedores, apoyo tecnológico y capacitación
de la mano de obra.
La idea no es destruir lo ya construido ni frenar a los grandes
conglomerados exportadores, sino establecer esquemas más
amplios de participación para incorporar a micro, pequeñas
y medianas empresas en condiciones competitivas.
Modernizar la agricultura implica ubicar a la población
rural pobre y en extrema pobreza, en el centro del desarrollo.
El sector agropecuario no tendrá capacidad para crecer
sin relevantes estímulos económicos.
Sin embargo, los apoyos no pueden ser los precios de garantía
o los subsidios a la producción (a través de
insumos). Se tendrían que utilizar los métodos
permitidos en los tratados comerciales multilaterales. Por
ejemplo, los apoyos directos a los productores tipo PROCAMPO,
cuyo monto real por cierto ha descendido con el paso de los
años. Otro apoyo a los productores es utilizar al máximo
los aranceles para protegerlos de la competencia externa,
en la medida en que lo permitan los tratados comerciales.
Resulta esencial evitar el ingreso de granos y materias primas
agrícolas que rebasen las cuotas ya pactadas.
Una tarea básica del Estado será la construcción
de instituciones rurales modernas y mejorar el funcionamiento
de los mercados, ya que los vacíos institucionales,
las instituciones obsoletas y los mercados incompletos o defectuosos
han propiciado muchas dificultades a los productores.
La asistencia técnica, imprescindible en la modernización
de los pequeños agricultores es responsabilidad del
Estado en todos los países del mundo. La investigación
técnica, debe ser responsabilidad total del Estado
y debe estar íntimamente asociada a los requerimientos
de los pequeños productores. Asimismo, resultaría
fundamental la puesta en marcha de un programa de reconversión
para los productores que teniendo capacidades potenciales
productivas en sus parcelas, no pueden materializarlas debido
a la carencia de recursos financieros para llevar a cabo el
cambio de cultivos. Asistencia técnica, transferencia
de tecnología, de crédito y seguro y el mejoramiento
de los canales comercialización serían los programas
de apoyo más adecuados.
No hay estrategia viable de desarrollo en el campo mexicano
sin la construcción de un sólido sistema de
financiamiento que incluya a los sectores productivos mayoritarios.
Se requieren nuevas instituciones de financiamiento local
en manos de la sociedad rural. Son necesarias, al mismo tiempo,
reformas jurídicas e institucionales para propiciar
un marco regulatorio y normativo adaptado a este tipo de instituciones.
Recuperar la soberanía alimentaria debe ser una prioridad
nacional. Para lograr este objetivo requerimos reconstruir
-a la vez que reformar e innovar- la arquitectura institucional
involucrada en la seguridad alimentaria y el ordenamiento
de los mercados agroalimentarios. En este marco, debemos alentar
un sistema de precios agrícolas remunerativos que incentive
la producción nacional y reduzca la incertidumbre de
los mercados.
En este contexto, el cambio tecnológico, social y
ambientalmente sustentable, debe convertirse en el mediano
plazo en una de las palancas esenciales del crecimiento económico
de México y del mejoramiento de la calidad de vida
de todos sus habitantes.
El Estado mexicano debe asumir con urgencia el múltiple
papel de promover, impulsar, financiar y concertar socialmente
el desarrollo de un núcleo endógeno de adaptación
e innovación tecnológica ambiental y socialmente
sustentable
La adaptación e innovación tecnológica
tiene como ámbito fundamental a las empresas, aunque
debemos promover su relación con los centros universitarios
de investigación científica. La política
económica puede inducir la liga entre la producción
y adaptación de nuevas tecnologías sustentables
con los servicios conexos, para que se convierta en una rama
motriz y articuladora del proyecto de crecimiento económico
sostenido.
12. Promoción de la economía popular e integración
de la informalidad
La paulatina formalización del sector informal en
el mediano plazo deberá atender a fondo sus causas
estructurales, y resolver a la vez su carácter sectorial
dual y contradictorio.
La lucha contra la evasión fiscal y de las obligaciones
establecidas por la ley, que practican las empresas legales
pero informales en este aspecto, debe ser uno de los ejes
de la reforma hacendaria propuesta, creando las mejores condiciones
viables para que todas ellas entren a la legalidad en el término
más breve posible.
En el caso de las empresas informales ilegales, que significan
un problema de seguridad nacional, externa e interna, la política
de largo plazo deberá consistir en combatirlas mediante
la aplicación estricta de la ley, la lucha frontal
contra la corrupción y la impunidad. Al mismo tiempo,
habrá que cortar sus vínculos con el sector
informal popular, de arriba hacia abajo, para liberarlo de
la carga de explotación, ilegalidad y violencia que
conlleva esa relación.
Para el amplio mundo del trabajo precario e informal, habrá
que promover y apoyar el desarrollo e integración de
la economía popular, en el marco de un crecimiento
económico sostenido de largo plazo y de la expansión
del mercado interno. Los ejes de esta política deben
ser múltiples y articulados, sustentados en un análisis
riguroso de sus características, particularidades y
problemas. No es posible eliminar el trabajo precario e informal
mientras el patrón de acumulación vigente actúe
como una gran fábrica de desempleados y pobres.
La lucha contra la impunidad y la corrupción en el
sector informal popular pasa por la eliminación de
los liderazgos corporativos corruptos, impuestos por la violencia
y el clientelismo, coludidos con las autoridades y las policías,
para avanzar hacia formas democráticas y legales de
representación asociativa.
Al tiempo que la actividad del sector popular informal se
integra al sistema fiscal, según su ingreso real, sus
integrantes deberán tener acceso a beneficios sociales
como los servicios de salud y seguridad social, los programas
institucionales de vivienda, el cuidado y educación
de los niños dependientes, y otras prestaciones sociales
con que cuentan los demás trabajadores asalariados.
Así promoveremos y premiaremos la formalización.
13. Finanzas públicas para la equidad y el desarrollo
Durante los últimos años, las finanzas públicas
han experimentado un fuerte deterioro estructural. Uno de
los factores del deterioro ha sido la pequeña base
de ingresos fiscales que tiene el país, parte de la
cual es altamente volátil porque depende de los ingresos
petroleros. México es uno de los países con
menor carga fiscal del mundo. En los cambios que se requieren
para que la economía crezca y genere empleos mejor
remunerados para la población, ocupa un lugar central
la Reforma Fiscal. Una reforma hacendaria que imprima justicia,
simplifique y haga competitiva la estructura tributaria, que
alivie el peso relativo de las cargas impositivas de los trabajadores,
clases medias y micro, pequeñas y medianas empresas.
Entre las causas más importantes de la baja recaudación
del ISR a personas físicas se encuentran la desigual
distribución del ingreso; la evasión y elusión
fiscal; y los insuficientes instrumentos de fiscalización
de la SHCP. El problema histórico estructural de la
escasez de ingresos tributarios en México, se debe
a la baja recaudación del Impuesto sobre la Renta de
Personas Físicas, por lo que una Reforma Fiscal que
dote al Estado de los recursos para financiar políticas
públicas que promuevan el crecimiento económico
y la distribución social de sus beneficios tendría
que prevenir y castigar la evasión de este impuesto,
el cual debe seguir siendo la fuente más relevante
de recaudación tributaria, como ocurre en los sistemas
fiscales de los países desarrollados. Se requiere suprimir
regímenes preferenciales, exenciones y deducciones
ahora permitidos; incorporar al padrón de contribuyentes
a quienes se desempeñan en la informalidad, otorgándoles
contraprestaciones en el campo de la seguridad social.
Se propone establecer un IVA diferenciado: que mantenga
las tasas cero para el consumo de alimentos, medicinas, publicaciones,
agua potable para usos domésticos, que preserve la
exención para servicios médicos, educativos,
de transporte público terrestre y de vivienda, reduzca
al 10% este impuesto para servicio telefónico público,
vestido, calzado, electricidad para uso doméstico y
otros artículos para el hogar, que lo aumente al 20%
para los consumos de bebidas alcohólicas, tabaco y
otros artículos de carácter suntuario y en general,
simplificar en lo general el sistema de pago de impuestos.
Para hacer competitivo al régimen fiscal habrá
de acreditarse el ingreso invertido en fuentes de ocupación
y elevación de la producción, y desgravarse
los activos productivos. Con estos propósitos deben
suprimirse las complicadas misceláneas fiscales anuales
y el impuesto del 2% sobre activos fijos. Debe además,
convocarse a una nueva convención fiscal nacional,
en la que con sentido federalista se reordenen y armonicen
las competencias federales, estatales y municipales en la
materia.
Debemos avanzar hacia una gestión estatal responsable
y eficiente de los recursos naturales propiedad de la nación,
la infraestructura y los servicios públicos estratégicos
para el desarrollo social y el crecimiento económico
sostenido, los cuales deben permanecer bajo control del sector
público. En los casos donde el uso de estos bienes
públicos sea otorgado en concesión a las empresas,
se debe garantizar el retorno de parte de los beneficios a
la sociedad mediante impuestos; tarifas de servicios públicos
cobradas a las empresas privadas y los sectores de altos ingresos,
que recuperen el precio de producción -costo y ganancia
media- y cubran el subsidio que el Estado otorgue a los sectores
empobrecidos; y transferencias especiales de fondos para el
desarrollo a las regiones y municipios que aportan los recursos
naturales esenciales.
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